domingo, 23 de mayo de 2010

BOSQUE

Guardo su recuerdo aunque tú no lo sepas:
dos locos sueltos por el bosque esa noche de octubre.
En la ciudad, una isla sólo nuestra,
esa noche que me seguiste
bajo un cielo lleno de promesas.

Ahora, en mis paseos solitarios, escucho ese latido especial,
levanto la vista y ahí está otra vez,
la danza de las hojas con el viento,
que susurra una canción familiar.

No me canso de mirar como flotan en el aire,
como caen en lluvia lenta, silenciosa,
y me uno a ellas, cómplice, como único fondo el cielo,
mi alegría es tan intensa, que podría morder el aire.

No es la suya la belleza estática de un paisaje en un cuadro,
son las fuerzas vivas del bosque
y yo ardo también con sus notas salvajes,
aunque pasan desapercibidas, aunque nadie las oye.

Como una bruja remota, levanto los brazos bailando,
formo parte de otra danza mayor,
todo está más lleno de vida que cualquier otra cosa,
recordándome que soy parte de un ciclo eterno
de un mundo que no me es ajeno
pero al que damos la espalda

Pero aún no…
Ahora llegó la hora de la danza de las hojas y el viento.

Grito de renovación del bosque,
que cada octubre nos regala esa danza para que nos unamos a él
Para que bailemos… a merced de viento.

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