domingo, 23 de mayo de 2010

BRUJA

Miro mis manos que no son mis manos.
Las veo como nos vemos sin reflejarnos en un espejo,
pero sé que no son mías.
No soy yo, sin dejar de serlo.

Es fría la cueva ,
y en la antesala tengo miedo de subir las escaleras,
que me conducen en ascenso
hacia un trono de madera,
vieja atalaya de sueños.
Antiguo como el gneis de la roca,
oscuro como el cieno,
incierto cómo el mañana,
idolatrado y obsceno.

Estas manos, que no son mías,
tienen largos dedos
y, al ladear la cabeza,
veo flotar en el aire
la nube oscura de mi pelo.

Esta mujer es más fuerte,
pero tiene mucho miedo,
y me habla en la distancia
sobre el poder de los sueños.
La soledad del oráculo,
necesidad in crescendo
de conocer un mañana
que no soportan incierto.

No se quién eres, Señora,
pero siento que un hilo nos une,
salvando muros de tiempo,
a través de mis sueños.

!Quiero hablarte de Cassandra!
!Quiero salvarte! … si puedo.

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