domingo, 23 de mayo de 2010

CAJITA DE MAR


Me enamoré de ella revolviendo en una tienda
en un pueblo de la costa.
Cuando la vi quedé prendada de ese sabor a mar,
de la delicadeza de las caracolas, sus colores irisados.
Una cajita para guardar los tesoros.

Y la compré, muriéndome de envidia de que no fuera mía.
Pensé que le gustaría, pero cuando se la iba a dar
Ella, mi madre, dijo: “ah que bien, te has comprado un regalo”

Y supe que me había vuelto a equivocar.

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