miércoles, 16 de junio de 2010

LILY MAID




Corría por el bosque, siempre que podía escaparse, olvidaba todo, absolutamente todo, dejaba atrás un mundo que le resultaba insoportable a veces y corría libre por el bosque. Y el bosque la acogía como a uno de los suyos.

En cuanto se sentía al amparo de la sombra de los árboles algo cambiaba en ella (como si pudiera respirar mejor, como si fuera otra persona). Con un solo movimiento rebelde de sus dedos, desataba la banda elástica que sujetaba su pelo. Lo liberaba al viento, sintiéndolo salvaje, libre, libre como ella misma se sentía. Corria al viento, corría con el viento detrás de ella dándole alas, hasta llegar al corazón del bosque, a un claro que se abria entre la arboleda, escondido, remoto.

Ella había descubierto ese sitio de pura casualidad, una tarde de esas eternas -una tarde de vacaciones- en un verano que se extendía infinito como chicle gastado, sin llegar jamás a su fin. Aunque ahora si estaban ya en el fin del verano y las hojas habían empezado a caer. El suelo se hallaba alfombrado de ellas, pero aún habia muchas que pendian de los árboles formando una ancha banda cromática de colores, de mezclas, que iban desde el rojo mas profundo, al ocre amarillento y al verde profundo, en todas sus gradaciones.

Ese año no parecía que fueran a volver nunca a casa. El verano se había extendido mas de lo normal, hasta alcanzar el otoño. No le importaba en realidad, habia descubierto la magia del otoño en el bosque, algo que nunca habia visto. No tenía prisa por volver a casa, entre otras cosas porque se sentia mas en su casa aqui. Solo que a veces se aburria, y el tiempo se estiraba y se estiraba, haciéndose insoportablemente largo. Y no siempre podía huir. Sola, nunca se sentia mal, pero para una niña era muy dificil estar sola.

Se tumbó en el suelo cubierto de hojas, sin importarle ensuciarse lo que llevaba puesto. Se tumbó y su pelo formó una aureola, dispersándose sobre las hojas. Alli tumbada, podía ver sus rizos castaños reposar sobre las hojitas amarillas. Extendió brazos y piernas, como si estuviera muerta, jugando al viejo juego..... miró el reflejo del sol de la tarde que se filtraba por el techo verde que la cubría. Formaba luces y sombras por todas partes, dibujos que parecían vivos. Tuvo una imagen visual de si misma, allí tumbada sobre el lecho de hojas y sonrió...

Cerró los ojos y recitó:

- Elaine, la rubia
- Elaine, la hermosa
- Elaine, la mejor doncella de Astolat...

- Encerrada en su torre bordaba en un yelmo
el escudo de Lancelot

Y luego susurró varias veces:

- "Lily Maid, Lily Maid, Lily Maid"

y se imaginó cubierta de lilas en otro bosque, en un bosque mítico. Muerta en el bosque, mientras el viento soplaba en sus cabellos. Igual que la Doncella de Astolat.

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