domingo, 13 de junio de 2010

EN LA SOMBRA DEL LOBO



EN LA SOMBRA DEL LOBO
1.- LA PECADORA

Me miran de través cuando paso por su lado. Yo camino con la vista al frente, la mirada pérdida, como si no me diera cuenta de nada, pero no dejo de observar sus miradas maliciosas, sus cuchicheos al pasar, en ocasiones escucho su risa ofensiva.

Me dejo llevar por mi mundo interior y sus imágenes me calman. El claro de la colina sembrado de margaritas, mis manos aferrando puñados de tierra humeda, el olor del maiz madurando al sol, su cuerpo cabalgando encima del mío. Quisiera poder ver a mis hijos.

Esta noche entraré en el bosque, quiero ir a buscarles. Me humillaré ante mi marido, suplicaré su perdón. Necesito ver a mis niños, no puedo estar por mas tiempo alejada de ellos. Mi corazón está secándose al sol.

Los lobos no pueden ser peores que las personas.

Encerrada en mi casa miro con impaciencia como el sol se pone en el horizonte. Deseo que sea noche cerrada. Miro pesarosa la luna color naranja que se eleva. Demasiada luz para los ojos que me tienen en su punto de mira. Soy culpable, no lo niego. Soy una desagradecida que no tiene la mejor queja de su marido. Una perdida. Una puta. Pero era tan dulce su cuerpo sobre el mío…. Ni siquiera me duele ya su traición.



2.- EL BOSQUE

Me deslizo en el bosque, con las primeras sombras, oculto mi rostro con la caperuza roja. Si la muerte está aquí, afrontaré el peligro, lo prefiero a seguir viviendo asi.

Percibo en el aire el aroma del bosque, espliego, romero, tomillo, menta. Todo está en calma pero flota un olor extraño, previo a una tormenta. Mis pies desnudos corren por senderos ocultos, intento buscar el camino mas recto hacia el poblado. En la espesura todo está en silencio. Recuerdo las historias sobre las fieras que nos acechan en lo mas profundo de la foresta y mi corazón late con fuerza.

No estoy segura de estar siguiendo el camino correcto, esto ni siquiera se parece a un camino. Nunca me he adentrado tanto en el bosque. Nadie de este pueblo lo ha hecho, es el Bosque Maldito. Pero no hay otro sendero que yo pueda seguir y me lleve hasta ellos. Mi corazón esta enfermo de añoranza.

Corro en alas del viento sin sentir el dolor de mis pies desgarrados. Las ramas mas bajas me azotan. Escucho el susurro de otros pasos a mi alrededor, carreras, sonidos que no identifico y me acomete el pánico. Corro sin control ahora, como un animal perseguido. Cada vez mas y mas rápido, hasta que mi camisa queda enganchada en unas zarzas e intento liberarme. Las espinas se clavan en mi pecho, tatuado ahora con lágrimas de sangre. Grito y, en contestación, un aullido resuena en el corazón de las tinieblas. Luego otro mas y otro, responden al primero. Siento que voy a morir esta noche.



3.- LA SOMBRA DEL LOBO
Corría con el viento en pos del olor de la presa, sus hermanos corrían con él, embriagados con el olor a miedo que ella desprendía, siguiendo sin problemas el rastro claro que iba dejando. Sacudió su cabello con un movimiento salvaje y respondió con un aullido al grito de la presa atrapada. Sus hermanos corearon su aullido y su fuerza vital se elevó en la noche.
En unos segundos estaba junto a ella, pequeña, aturdida, atrapada en unas zarzas a los pies de un roble, y lamía con deleite las gotas de sangre que adornaban su suave piel. La marcó con su olor, con su saliva.

Con un movimiento brusco de su mano apartó a uno de sus hermanos que, mas atrevido que el resto, le disputaba la presa. Era suya. Sus miradas se cruzaron y ganó el reto. Su hermano se apartó con un gruñido insatisfecho.

Desnudándola, pero dejando en su cabeza el trapo rojo que llevaba, la puso a cuatro patas y orinó encima de ella. Luego le ciñó el cuello con una tosca cuerda, ató sus manos y la llevó a rastras a su guarida.
4.- LA PRESA

Despierto en una cabaña y me siento aturdida. No se si me he desmayado o he tenido una alucinación. Recuerdo el pánico y el bosque, la carrera y los lobos, pero no se como he llegado aquí. Estoy desnuda. Miro mis manos atadas con una cuerda de cáñamo, una cuerda que pende de mi cuello. La cuerda esta colgada, sujeta fuera de mi alcance, así que estoy prisionera, ¿de quién?... eso me gustaría saber. Mi pecho está cruzado por algunos arañazos bastante hondos, pero las heridas no parecen infectadas, es como si alguién se hubiera cuidado de limpiarlas, por absurdo que parezca.

Un vago recuerdo inquietante cruza mi mente (gotas de sangre, gotas de sangre y una lengua rugosa) y lo aparto con premura. Estoy acurrucada en un jergón de paja y juncos, que huele a fresco y a mi lado tengo un cuenco con agua, pero no tengo otro modo de llegar a él que poniéndome a cuatro patas y lamer el agua. Tengo tanta sed que ni siquiera me planteo no hacerlo, bebo de ese modo de él, como una perrita. Nunca he ansiado tanto algo como esa agua.

Me incorporo de pronto porque me he sentido observada, ese sexto sentido que tenemos todos y que nos hace saber cuando nos miran. Espio a mi alrededor y no veo a nadie, tan solo la cabaña, sencilla, austera, pero curiosamente limpia. Pero yo he sentido unos ojos, paseándose por mi anatomía, fijos en mi.

Me acurruco de nuevo sobre el jergón, intentando buscar la postura mas cómoda. Quiero dormir, necesito el sueño reparador que me libre de mi congoja.

4.- EL LOBO

La miraba con deleite desde el otro lado del panel. Sus ojos espiaban su indefensión y ese aire de gacela atrapada, se recreaban en él. Observó con agrado que ella hacía uso del cuenco que le había dejado y bebía como la perrita que era, a cuatro patas.

Pronto entraría y le haría entender su nueva situación. Era suya.



5.- EL LOBO Y SU PRESA

Siento una mano áspera que aparta el pelo que cubre mi cara y despierto sobresaltada, me incorporo de un tirón. No recuerdo que estoy atada por el cuello y la cuerda se clava lastimándome. A mi lado hay un hombre corpulento, vestido de forma sencilla con unos pantalones de gamuza y una tunica abierta. Sus ojos negros me taladran.

Veo que estás despierta… .me alegro, perrita, me dice…

-Ahora escúchame en silencio y no digas nada hasta que acabe de hablar. Si tienes que hacer algún comentario puedes hacerlo luego. Entendido?

Asiento con la cabeza e intento cubrirme los senos con las manos. Soy consciente de mi desnudez. El tira de la cuerda pendiente del gancho en el techo y eleva mis brazos, de modo que mis pechos quedan totalmente al descubierto y no tengo modo alguno de cubrirme. Siento un calor inusitado y una excitación extraña que no puedo controlar. Me aturde mi reacción.

Nada de eso, perrita, ni se te ocurra…. Y al decir esto sonríe de un modo malévolo.

-Vamos a ver –continua hablando, mientras separa mis muslos y ata mis piernas con otra cuerda, de modo que no pueda cerrarlas- . Entraste en mi Bosque, aquí las reglas de tu mundo no sirven, solo las mías.
Y las mías son las de un Lobo. Mando en mi manada, pero existen mis hermanos que me ayudan y me dan su apoyo y compañía. Conquisto su lealtad con mi buen hacer como líder de la manada. Me ocupo de la caza, de su alimentación, de su cobijo. Son libres de aceptar las normas o irse. Como tu. Si después de oirme decides que tu sitio no es éste, yo mismo te desataré y te llevaré fuera del Corazón del Bosque, para que puedas reunirte con los tuyos. Si por el contrario decides quedarte has de saber que eres mía. Como lo es esta mesa –dijo señalándola- como lo es mi cuchillo, mis botas. Por supuesto eres mía en un grado diferente a esas cosas, pero puedo disponer de ti como de ellas, en el momento y el lugar que me plazca y del modo que desee. Tu cuerpo es mío. Tu placer es mío y te lo daré, o no, si eso me complace a mi. Tu lealtad es mía. Tu me perteneces. Yo cuidaré de ti y no te exigiré mas de lo que tu puedas darme. No te pediré que seas lo que no eres. Castigaré tus fallos, pero nunca seré ruín ni te apartaré por ellos. Yo cuido de lo que es mío. Conmigo estás segura. Si un día decides darme tu corazón no lo morderé y lo desecharé después a un lado, pero tu corazón solo puedes dármelo tu.

Ahora te dejo para que reflexiones. Si tienes hambre aquí te dejo comida y agua. Después volveré para conocer tu decisión.

Se incorporó de la silla en la que estaba sentado y pellizcó mi pezón desnudo, bajó la cuerda tirante, dejándome como estaba antes y desapareció de mi vista.



ULTIMO.-

He estado pensando durante mucho, mucho rato. Las sombras de la noche se ciernen en mi cabaña, veo el cielo color violeta en el oeste, nubes púrpura arropando los rayos moribundos del sol. He comido y he bebido, he efectuado mis necesidades en un pequeño rincón habilitado para ello, ya que la longitud de la cuerda me permite llegar. Ya no me molesta mi desnudez. Me siento vulnerable y frágil, pero me gusta. Toda mi vida ha pasado ante mi en estas horas de forzada soledad y he recordado todos sus detalles.

Mi niñez rebelde, intentando seguir las normas que me dictaban y olvidándolas siempre que mi yo salvaje se anteponía a lo que me decían que era justo. Mi juventud perdida junto al hombre que escogieron para mi, porque era bueno, porque era trabajador, porque jamás me daría un disgusto. Los hijos que tuve que me atraparon con los dedos del amor y se apoderaron de mi corazón y mi libertad.

Mi amante que me abordó y mi cortejó y no paró hasta conseguir que fuera suya y luego me apartó como si le contaminara, en cuanto los remordimientos hicieron mella en su corazón cobarde.
Las murmuraciones, las palabras crueles, el vacío social, la puñalada de la gente en quien confiabas, el desprecio, el sentimiento de vacío, la soledad.

Sonrío. Es mucho mas sencillo vivir en un mundo de Lobos. Cuando perciba la sombra del Lobo entrar en mis aposentos, me entregaré a él.

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