martes, 8 de junio de 2010

JACK




Empezamos como un juego,habíamos visto un programa de televisión y queriamos probar a ver qué ocurria. Mi padre -siempre tan perfeccionista- no se limitó a garabatear las letras y los signos en una cartulina, sino que recortó un plastico especial, de la misma medida que el papel y lo fijó al cartón, que había confeccionado siguiendo las instrucciones del Profesor Jimenez del Oso. La familia y amigos nos reunimos a plena luz del dia, con total naturalidad, en la mesa grande y apoyamos nuestros dedos levemente sobre el vasito de café de cristal. A mi padre le encantaban esas cosas, él siempre quería conocer, probar, experimentar, debía ser su temperamento de pintor.

¿Razones para intervenir?: a mi me divertía, como siempre, lo desconocido, lo que no era previsible. Mi hermana tenia miedo y desconfianza. Mi hermano era escéptico total. Mi madre quería centrar la atención sobre ella misma, como de costumbre.

Al principio nada ocurrió. Todos quedamos alli con aire de bobos y nuestros dedos apoyados en el culo del vaso puesto del revés. No se movía ni un milímetro del circulo en el que mi padre le había encerrado. Empezamos a reír y a gastar bromas, incluso lo movimos nosotros a posta, para ver si funcionaba, si se deslizaba adecuadamente. Mi padre nos llamaba al orden, decía que era imposible que algo o alguien se manifestara con tanto cachondeo.

Yo, llamada al orden por el jefe, me contuve, y, claro, la inactividad, llevó a mi mente hiperáctiva a divagar y perderse en mis propios pensamientos. Notaba como una corriente eléctrica que nacía en mi cabeza y bajaba lentamente, como un cosquilleo, por mi brazo hasta llegar a la mano, al dedo que mantenía apoyado. Y, de pronto, se movió, !el vaso se movió¡. Con cierta torpeza al principio, como titubeando. Sorprendida levanté el dedo de la tibia superficie. Todos de hecho lo habíamos levantado (a la voz de: !yo no he sido¡) y el vaso había quedado allí solo, sobre la superficie brillante, pero claramente fuera de los limites de su circulo.

Empezaron las acusaciones:

- !has sido tú¡
- !no¡ !yo no he sido¡
- seguro que has sido tú , !no lo niegues!

Volvimos a sentarnos en circulo y apoyamos tan levemente los dedos que ni siquiera se marcaba en rojo al presionar. Poco a poco iba sintiendo una especie de fuerza. Algo, corría por mi brazo. Resignada, lo dejé fluir y el vaso se movió de nuevo -!vaya si se movió!-. Iba de un sitio a otro, sin orden y concierto. Claro está que no le preguntábamos nada.

Al momento, empezamos con las preguntas. Mi padre, recuperado de la sorpresa inicial, cogió las riendas y, con su lógica aplastante, fue desgranando preguntas: qué quién era, qué como se llamaba, qué donde vivía. La entidad respondía letra a letra, formando palabras, o dejándose caer a veces en la casilla del quizá, o el no lo se, el sí o el no. En ocasiones desgranaba fechas. Con cierta lentitud al principio y con bastante rapidez después fue contestando a todo lo que le preguntábamos. Normalmente con mucha claridad, en otras ocasiones de forma un tanto enigmática.

Al parecer se trataba de un espiritu amigo, un tal George, George Chapman, que había vivido en Londres (el Londres de finales del siglo XIX) y era carnicero. A todo esto, después de las presentaciones formales, le hicimos preguntas sobre nosotros (tambiénsobre la vida en general, sobre todo). Mi madre, siempre tan práctica, le preguntó si mi hermano encontraría pronto trabajo (estaba obsesionada con eso). Nuestro espíritu visitante, le respondió con estas tres letras desconcertantes: TGT. Cada vez que mi madre hacia esa pregunta respondía exactamente lo mismo Pensé que nadie sabía la respuesta y que alguno, nos estaba tomando el pelo.

En ocasiones, cuando no le preguntábamos nada, en vez de reposar en el centro de la tabla, en su circulo o en la posición inicial, atravesaba todas las barreras del circulo de letras y venia en linea recta hacia mi. Esto último me desconcertaba bastante porque yo no lo controlaba. Estaba totalmente segura de que yo no era la autoa de ese movimiento. Pero también empezaba a estar bastante segura de que no se trataba de un fantasma, o una entidad de otro mundo, lo que movía el vaso y nos suministraba las respuestas. Mi mente se daba cuenta -o quería verlo de esa forma- de que eramos nosotros los que lo movíamos, o al menos los que le dábamos el impulso para moverse, de forma inconsciente. Con nuestra mente inconsciente, en forma grupal.

Durante mucho tiempo -años- estuvimos jugando (si es que se puede llamar a esto un juego) de forma periódica, pero a menudo, con nuestro tablero ouija casero. Normalmente lo hacíamos en casa, pero en ocasiones, yo lo había probado con mis amigos, fuera de mi casa, o a veces en alguna reunión, con visos de encuentro esotérico. Siempre, había sido un éxito. No había habido ninguna ocasión en que el vaso permaneciera inmóvil, incluso aquellas veces en que se hallaba en el círculo un componente incrédulo, dispuesto a perjurar que hacíamos trampa. A dónde yo iba. me seguía nuestro espíritu George, que incluso había inventado una palabra para nosotros: mosi. Con ella quería decir que algo era encantador, o eso nos parecía que significaba. Era, como un amigo.

Mi hermano, al poco tiempo, empezó a trabajar en una gran empresa importadora de quesos, embutidos y patés, que, paradójicamente, se llamaba: TEODORO GARCIA TORRES (TGT). Eso fue un puntazo para el bueno de George, claro. Nunca nos pareció que fuera un espíritu maligno o peligroso. Nunca creímos que nos pudiera dañar.

Pasó el tiempo y pasaron muchas cosas. Me casé, me fui de casa (o al revés, ahora no me acuerdo). Una noche muchísimo tiempo después, estaba acostada en la cama leyendo un libro (que había encontrado en un mercadillo de segunda mano, un tocho de 1200 paginas al menos, algo desastrado por el uso) titulado LOS CRIMENES NO RESUELTOS DE SCOTLAND YARD. Había llegado al capitulo donde se explicaba la historia de Jack el Destripador y toda la investigación realizada en la época. Posibles sospechosos. Teorías. En una se ellas se relataba que, posiblemente, uno de los candidatos con más probabilidad de ser el famoso Jack el Destripador, fuera un médico de la Corte, llamado George Chapman.

Al leer esto -después de todo ese tiempo y de la distancia recorrida- me estremecí desde la planta de los pies a la raíz de mi pelo. Cerré el libro, lo lancé al suelo, como si me quemara. Me tapé con la manta hasta la cabeza, me acurruqué como una niña, tapándome los oídos.

Aun así no pude dejar de escuchar su risa. La carcajada profunda, malvada, sarcástica. De mi George. George Chapman, por supuesto: carnicero en el Londres del siglo XIX.

Mosi ...

2 comentarios:

  1. Delicioso, cautivador y espeluznante.
    Un beso para ti, y mis respetos para él...

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  2. gato, a veces aun escucho su risa, en la oscuridad. Mi respeto lo tiene, vaya que sí, pienso que tiene un sentido del humor muy especial :)

    Besos cálidos,

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