martes, 8 de junio de 2010

LEYENDA URBANA


La muchacha del puente de Báscara

Yo estaba de visita por Cataluña (vivo normalmente en Madrid) y conducía mi coche por la carretera nacional II camino hacia Francia. Volvía de una reunión con un grupo de amigos en Girona y me había retirado muy tarde, aun cuando mi intención fuera salir todavía con luz de día. No lo lamentaba ya que valió la pena y disfruté de su inteligente conversación, de una estupenda cena, risas y algunas copas.

El caso es que hacía días que dormía apenas una media de cuatro horas y esto era demasiado para mi, mi cuerpo empezaba a acusarlo. La carretera era sólo regular y, para mi, completamente desconocida, claro está. Llegué a la altura de un pueblo atravesado por la carretera (leí distraído su nombre porque me pareció gracioso: Báscara), sonreí un poco al leerlo.

El camino era bastante recto y estaba llegando a un puente, saliendo de la diminuta población. Me dolían los ojos y el cansancio me embotaba los sentidos. Sólo podía pensar en una cama, en tumbarme y olvidarme de todo. De pronto,una figura blanca en la carretera se cruzó en mi camino y casi me mata del susto. Una muchacha me hacía señas de que me parase a un lado. Lo hice, paré mi coche en el arcén, cuidando de que no interfiriese en la circulación de los vehículos que pudieran venir detrás mio.

La chica parecía salir de alguna fiesta. Llevaba un vestido blanco de verano. El pelo oscuro le caía suelto por la espalda. Busqué instintivamente con la mirada el vehículo aparcado en cualquier lado. Supongo que pensé que había tenido una avería o algo asi... pero lo cierto es que no había coche alguno y ella parecía haberse materializado allí de la nada. La muchacha me sonrió y yo la invité a entrar en mi coche.

Se sentó a mi lado, me dijo que venía de una fiesta y que había tenido problemas. Me rogó que la llevara a su casa. No pude negarme a ello. La verdad es que la chica me fascinaba, yo que siempre he sido un tipo pragmático, y un poco cínico, al decir de algunas de mis amigas, me sentía atraído de un modo inocente y hasta romántico por aquella joven surgida de la nada. Parecía algo perdida, intemporal, algo así como -!demonios¡- una damisela en apuros (no puedo creer que haya escrito esto). Después de tener este ridículo pensamiento, sonreí con un resto de mi anterior desenvoltura.

Emprendí de nuevo la marcha y la chica, de pronto tensa, sentada muy derecha a mi lado, me avisó: "!cuidado con la curva que viene ahora, al salir del puente, a la derecha. Es muy cerrada!". Reduje la marcha a unos prudentes 50 km/hora y efectivamente, al salir del puente me encontré una curva endiablada, de esas que sorprenden al conductor desprevenido. Pensé que de no ser por aquella extraña chica sentada a mi lado, en mi prisa por llegar al hotel y por meterme en cualquier cama, dado mi cansancio y mi sueño -que ahora habían desaparecido como por arte de magia- yo habría tomado aquella traidora ondulación del terreno a una velocidad seguramente excesiva. Me estremecí un poco. Fue como si un escalofrío recorriera mi cuerpo, como si alguien hubiera pasado un cubito de hielo alrededor de mi columna vertebral.

Volví la cara hacia la chica y vi que me sonreía. Me fijé mas en ella y vi que estaba muy pálida, quizá fuera un efecto de la luz, o la falta de luz. Vi también que era muy bonita, con enormes ojos profundos, y que su vestido blanco tenía una mancha a la altura del pecho. Le pregunté: " ¿y eso?" . Y me respondió que un estúpido le había derramado su copa encima.

Me sentía muy raro con aquella chica allí a mi lado, y aun no sabía exactamente por qué. Olía a bosque, a romero, a tomillo, a menta. Era muy joven, pero yo había estado con chicas tan jovenes y mucho mas hermosas. Así que, ¿por qué razón ella me impresionaba tanto?. Logré recobrar parte de mi antiguo aplomo para preguntarle dónde debía dejarla. Ella me guió a través de la carretera hasta una población cercana. Nos desviamos de la N-II,. entramos en el pueblo y la dejé frente a una gran casa, en medio de la plaza Mayor. . Ella me agradeció mi ayuda con una de sus radiantes sonrisas, besó mi mejilla y saltando ágil del coche, se adentró en la casa. No vi ninguna luz encenderse. Pensé que su familia llevaba tiempo dormida.

Regresé a la carretera y decidí que estaba demasiado cansado para seguir conduciendo hasta Francia, así que inspeccioné los alrededores y paré en el primer hotel de carretera que encontré. Creo que fue una buena idea pues me dormí nada mas tocar con mi cabeza la almohada.

Después de un sueño reparador de diez horas, me desperté como nuevo. Tomé una ducha y fui derecho a la cafeteria para acabar de ponerme en marcha con un buen desayuno y litros de café. No podía sacarme de la cabeza a la hermosa desconocida de la noche anterior. Pensé que ni tan siquiera sabia su nombre. Recordaba su rostro pálido, su belleza etérea, y esa aura especial que parecía envolverla.

Siguiendo uno de mis impulsos decidí volver a verla. De acuerdo, no tenía su teléfono, no sabía su nombre, pero conocía su dirección ya que la noche anterior la había dejado en su propia casa. La había ayudado sin interés alguno por mi parte, así que ella no podía cerrarme la puerta en las narices -o quizá sí, a saber, raras que son las mujeres, JA!-.

En un revuelo pagué mi desayuno y la habitación y pregunté -sólo para refrescarme la memoria- como llegar al pueblo donde la había dejado ayer, que por otra parte estaba muy cerca, sólo a pocos kilómetros. Con las indicaciones que me dieron enseguida encontré el camino que se bifurcaba saliendo de la N-II y en poco rato me planté ante la Plaza Mayor, delante de la casa de mi chica misteriosa.

Las cosas a la luz del dia tienen un aire diferente supongo y la casa me pareció curiosamente distinta. Aparqué el coche y llamé a su puerta, convencido, en parte, que ella misma saldría a abrirme, quizá aun en pijama o con unos veraniegos pantalones cortos.

Pero las cosas casi nunca son como esperamos y me abrió la puerta un señor mayor, de aire distinguido, con blancos cabellos y unas gafas de anticuada montura. Parecía desconcertado de verme ante su puerta. Yo adopté ese aire de chico formal que tanto éxito me ha dado a veces con los parientes de las chicas con quienes salgo. Pero mi encanto no parecía funcionar con ese hombre. Le dije: "Buenos dias, perdone que le moleste a hora tan temprana pero ayer me encontré con su hija, y la llevé a casa, ya que al parecer había tenido un percance en la fiesta a la que fue, nada de importancia, ya sabe, alguna tontería. El caso es que la dejé aquí, en su casa, y me gustaría mucho volver a saludarla antes de irme para Francia a terminar mis vacaciones. ¿Podría llamarla?"

El hombre me miraba como si yo fuera Satanás personificado. Me desconcertaba. No daba la menor muestra de haber comprendido absolutamente nada de lo que yo le había dicho y empecé a pensar que me había equivocado de número, o que no era su padre, o que el hombre no sabía que su joven hija había ido a ninguna fiesta y estaba furioso al enterarse así, por un desconocido. Por mi mente pasaron como en un flash infinitas posibilidades y todas ellas insólitas.

Intenté rectificar y dije: "Discúlpeme señor si he cometido alguna indiscreción, su hija me parece una muchacha encantadora y solamente deseaba no perder totalmente el contacto con ella. No hay ninguna mala intención por mi parte...". No me dejó terminar. Estaba furioso y me miraba ahora con una rabia inconcebible.

Se puso a gritar: "¿Se trata de una broma macabra?" "¿Alguien puede creer que esto tiene alguna especie de gracia?" "¿Es posible jugar, de ese modo, con los sentimientos de la gente?"
Yo estaba totalmente desconcertado y se me notaba. No tenía ni idea de que me estaba hablando y entonces, inexplicablemente, se echó a llorar.

Intenté consolar al desconocido, aunque no tenía ni idea de lo que le pasaba. Me hizo entrar en la casa y mirándome fijamente, agarrándome por los hombros con una fuerza inesperada para un hombre de su edad me conminó a que se lo contara todo de pe a pa. Me dijo con voz trémula: "Hijo, has visto a mi hija dices... ¿cuándo?, ¿cuándo?, por el amor de Diós, ¿cuando la viste?".

Le dije que ayer por la noche, que la recogí en la carretera. El viejo señor lloraba ahora, sin poder contener sus lágrimas, sin ser apenas consciente de ellas. Se sentó en un sillón polvoriento y me hizo contarle toda la historia de mi encuentro con la muchacha de la carretera, leyendo en mi mirada, en mi expresión, una sinceridad y una inocencia que, al principio, no era capaz de creer.

Con la mirada perdida me preguntó bajito:" ¿cómo iba vestida ella?". Le dije que llevaba un vestido blanco de verano , finito. Recordando algo, le comenté que además estaba manchado con algo oscuro y que ella me dijo que era una copa derramada por algún torpe, manchado a la altura del pecho.

Me cogió de la mano con presteza y me arrastró arriba de las escaleras.
hasta una puerta que abrió. Era la habitación de una muchacha, estaba claro en todo, en la decoración, en cada uno de los detalles. Pero algo iba mal, allí. Parecía que hacía mucho que nadie dormía en ese cuarto, que no vivíaa una chica entre esas cuatro paredes. Le seguí cuando me mostró una foto enmarcada. Si, conteste a su muda pregunta, al reconocer en la chica de la foto a mi misteriosa desconocida, aunque en la foto estaba un poco diferente, como mas natural, no se... Abrió de pronto un armario y tiró de una percha con rabia, y me mostró el vestido. El vestido que llevaba la chica, pero sin lavar aun, manchado de rojo.

Hablo así: “Mi hija murió en un accidente, hace cuatro años, en la carretera, a la altura del Puente de Báscara, en esa maldita curva tan mal señalizada. Mi hija lleva mas de cuatro años muerta, así que, explicame hijo como pudiste verla anoche en la carretera....

Salí de la casa como en un sueño. Sentía que las piernas se desplazaban por mi y no miré atrás a la vieja casa, ni al hombre que todavía lloraba.

Cogí mi coche y enfilé camino arriba. Solo quería llegar a mi destino.

Mentalmente comprendí que había visto a un fantasma y hasta había hablado con él -yo que era un escéptico, yo que me reía de todas esas cosas!-. Sólo que yo sé que ocurrió y que fue real.

Misteriosa desconocida te dedico estas palabras y espero que ellas te sirvan de agradecimiento. Porque sé que, en esa curva, apareciste para salvarme la vida.

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