domingo, 20 de junio de 2010

PADRE


Luz de verano en los ojos, desnudez en la piel
humedad en los labios, gotas de agua brillando como diamantes
y yo, aferrándome a tu cuerpo como si fuera lo único consistente
en un mundo demasiado vivo, demasiado lleno de luz

Tus brazos que me rodeaban,
el azul intenso del agua de la piscina,
cuando hechos un ovillo nos estrellábamos.
Me sujetabas bien fuerte - torbellino de sensaciones-
no me soltabas hasta tocar el fondo
y yo, valiente niña-soldado, confiaba en ti
como no he confiado en nadie

De pronto, me soltabas y, en un remolino de agua,
la respiración entrecortada, subía a la superficie, riendo gozosa,
feliz…feliz…

No se han perdido esos años,
no lo olvidaron los árboles que fueron mudos testigos,
aunque el tiempo haya pasado la página de esos días,
no, no se ha perdido ese tiempo en el olvido, sigue allí,
brillando con toda la luz del verano…para quién sepa mirar.

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