miércoles, 14 de julio de 2010

El color rojo - capítulo 10 - El hombre de la máscara de gato





Ang se soltó de los brazos que aun la rodeaban y volvió a la pista de baile. Se sentía capaz de bailar toda la noche, cogió el vaso que le ofrecían y bebió un largo trago de algo mezclado con naranja, que contenía vodka. De inmediato sintió que le subía a la cabeza, lo que le produjo extrañeza -no he bebido apenas- pensó. Notó un movimiento a su lado y al girarse, reconoció la máscara que antes le había llamado la atención. El hombre que se escondía tras la máscara de gato le tendió la mano y le hizo dar unas cuantas vueltas, demostrando que era un buen bailarín. Cada vez que la hacía girar, su falda revoloteaba dejando entrever sus muslos blancos y eso la hizo sonrojar de pronto, al recordar que no llevaba ropa interior. Los ojos intensos del desconocido la miraban con fijeza poco usual, pero sus labios tenían una mueca sarcástica. Ang notó eso, al tiempo que él la atraía hacia sí, hasta que sus cuerpos estuvieron en estrecho contacto.
Acercó su rostro al suyo. Ahora podía verle muy de cerca, todo lo que le permitía la máscara que llevaba encasquetada y que tanto llamaba su atención. Tenía los ojos oscuros, de un castaño profundo, y unos labios bien formados (si no fuera por ese gesto cínico -pensó). El le mordió con fuerza el lóbulo de la oreja, haciéndole daño, y susurró:
Has sido una niña mala … Crisania …
Ang reaccionó envarándose. Su sorpresa era mayúscula. Sentía como si le hubieran inyectado adrenalina pura. Intentó con todas sus fuerzas apartarse del desconocido, sin conseguirlo, porque la mano que sujetaba su muñeca parecía de hierro y no quería soltarla. Le estaba haciendo daño.
!Suéltame! -gritó- aunque su voz se perdió en la algarabía reinante.
Desesperada, buscó a Julián con la mirada, sin conseguir verlo por ninguna parte. La multitud que antes era su amiga, ahora parecía amenazante, odiosa. Toda la magia de la noche había desaparecido y el temor se infiltraba. De pronto, su captor soltó su mano y se apartó de ella, pero, antes de alejarse, se giró y pudo ver perfectamente su rostro -irreal bajo las poderosas luces intermitentes- bajo la máscara de gato, y su mano haciendo el macabro gesto de pasar un cuchillo imaginario por el cuello (alguien va a morir.... !alguien va a morir! -gritaba su voz interior).
Era una clara amenaza y ahora, Ang, supo quien era -sin lugar a dudas- el hombre que se ocultaba bajo la máscara veneciana: !Nigromante!.
Ang se puso a dar vueltas por la discoteca, apartando los cuerpos sudorosos que le impedían el paso, al borde de un ataque de nervios, con síntomas de evidente embriaguez (pero apenas he bebido -razonaba su mente consciente). Necesitaba a Julián, no comprendía ahora por qué se había apartado de su lado, cuando ahí se sentía segura, quería recuperar esos momentos, pero todo a su alrededor era una locura; la gente la abrazaba, la hacía girar, le impedían avanzar, querían tocarla, bailar con ella, algunos besarla. Era una pesadilla y ya no distinguía lo que era real de lo que no. En pleno ataque de pánico, sólo deseaba salir de allí. Se sentía físicamente mal, quería respirar un poco de aire puro, estaba a punto de desmayarse. Viejos recuerdos la asaltaron y vio a personas que sabía que no podían estar allí. El recuerdo de una noche lejana, que tenía olvidada (volvía a sentir el áspero roce de la corteza de un árbol, el tirón de unas cuerdas en sus manos y sus tobillos, el dolor como un trallazo, el silbido del aire al azotar el cuero su espalda) visiones de monstruos que no tenían ya poder sobre ella.
Envuelta en su bruma, recuperó el sentido de la realidad al oír unos gritos agudos muy cerca de ella: “!socorro! !llamen a un médico!”. Ang, murmuró: Julián. Tenía el presentimiento de que algo malo le había ocurrido, de que Nigromante había ido a por él. Con un resto de su cordura miró de nuevo a su alrededor, viendo realmente por primera vez en mucho rato.
Lo último que vio, antes de caer desmayada, fue la máscara de gato veneciana a su lado, en el suelo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario