martes, 6 de julio de 2010

El color rojo




Preámbulo
Extracto del informe emitido por los agentes de la Policía Nacional con números 245 y 915.
Informe número 5678202-N17B – 17/02/2008 – 21:45 h PM:

Llamada anónima efectuada a las 21:30 h desde la cabina telefónica situada en la calle Bailén, a la altura del número 54. Comunican que una joven ha resultado gravemente herida en una agresión sin determinar, junto a los jardines del Palacio Real. Se desplaza hasta el lugar de los hechos una patrulla de la policía y un equipo de asistencia médica del SAMUR.
La víctima es una mujer, blanca, de veinte años de edad aproximadamente, que ha sufrido una agresión sexual … número de agresores indeterminado ... contusiones de diferente consideración repartidas a lo largo de la parte frontal del cuerpo … herida abierta de arma blanca en la espalda, a la altura de la quinta vértebra … hematomas en el cuello … ulceraciones sangrantes en las nalgas … tres costillas rotas … posible estado de shock … posibles lesiones internas … posible víctima de violación múltiple … la víctima no habla … puede apreciarse un estado catatónico... trasladada al servicio de urgencias del Clínico. No interpone denuncia por los hechos.

Angharad en su tarde libre
 
Angharad estaba escribiendo en una ventana de chat. Esta vez no mantenía abiertas las siete u ocho habituales. Y no las tenía  porque necesitaba concentrarse en el tipo con el que estaba  charlando. "Es rápido, de mente y de dedos", pensó. Sus frases surgían del fondo blanco como por arte de magia, con sorprendente y total fluidez. Lo que transmitían era algo meditado, asombrosamente certero, irónico: aquel tipo tiraba a dar. Se le escapó una sonrisa sibilina al leer lo último que él le había escrito.  Era evidente que estaba intentando jugar con ella. Había conocido gente así antes. Sólo había que seguirles el  juego, invitarles a creer que podían hacerse con ella, que la tenían en sus manos, para luego dirigir una finta maestra que les llegara certera al corazón. Y jaque mate... A ella le divertía, porque sabía jugar.
 
Tomó, distraídamente, un mechón de pelo rojizo entre sus dedos,  enrollándolo como tenía por costumbre cuando estaba absorta en algo, o simplemente inquieta. Al momento el desconocido escribió: “Me encanta eso que haces...”. Ang, todavía sonriendo como una gata, contestó: “¿Y qué supones que hago?”.
“Acariciar tu precioso cabello rojo”, fue la pronta respuesta.
Tan inesperada afirmación le obligó a dar un un respingo. "Casualidad", se dijo.  "Ha acertado por pura chiripa ".  “Sí, claro, eres adivino, además de espía y de trabajar para alguna agencia gubernamental”, escribió, intentando mostrarse sarcástica.
“No me crees,  pero deberías hacerlo…"  "También podrías soltar un par de botones de esa deliciosa blusa blanca, sin mangas, que llevas puesta…” Angharad se levantó de un salto, en un remolino de piernas y short azul, y se dirigió con paso rápido hacia la ventana.  Escudriñó, pensativa, el bloque de pisos que se alzaba frente al suyo y reparó en las cortinas de su habitación, completamente descorridas. Tenía la clave. Volvió al ordenador  y a toda prisa, tecleó: "Muy listo"  "¿En qué piso estás?"  "Lo digo para dedicarte un gesto de saludo”.

Nigromante contestó inmediatamente, en forma severa y conminatoria: “Vuelve a mirar ahora por la ventana”. 

Ang llegó a tiempo de vislumbrar movimiento en una de las ventanas que se abría en la fachada de enfrente.  Como en una pesadilla,  vio como una figura masculina caía al vacío desde el  sexto piso,  en sus mismas narices. Durante una fracción de segundo la cara desencajada de aquel hombre permaneció congelada, como una instantánea trágica, ante sus ojos. 
En estado de shock , aparentemente sin control, volvió al ordenador a tiempo de ver como brotaban las palabras en la ventana de chat : “Has de saber que ese pobre desgraciado no era  yo”.

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