lunes, 2 de agosto de 2010

El color rojo - capítulo 13 - En casa de Ang - madrugada del sábado




El ordenador empieza a dar señales de vida en casa de Ang, a pesar de que lo tiene apagado. Se pone en marcha de forma automática. Ella se despierta de un sueño inquieto y, descalza, caminando con torpeza, mira la pantalla azulada. Las letras surgen como por arte de magia y la dejan clavada como una estatua, en medio de la habitación.

-“Hola, Crisania … ya sabes quien soy … y también sabes que tienes mucho que hacerte perdonar... ¿no?... no voy a repetirlo … y tú sabes lo que ocurre cuando no se cumple con lo que ordeno... alguien inocente muere... ¿no es así?. Has sido una niña mala, Crisania … pero en mi mundo, todo acto de rebeldía conlleva una consecuencia … ya lo has podido comprobar... espero de ti una obediencia absoluta, instantánea... así que, !quítate la ropa! ¡ahora mismo!... no me hagas enfadar... tienes un minuto y ya va corriendo el tiempo... te vigilo ...”


Ang desliza los tirantes de su camisola, dejando al descubierto sus hombros, sus senos, los pezones erectos por el frío... lucha por controlar el llanto, mientras las letras siguen recorriendo su propio camino en la pantalla del ordenador: “!he dicho que te desnudes del todo, perra!”.

Ahora las palabras se han despojado del falso tono de amabilidad … ella lo prefiere, casi.. son como un grito, como una orden de mando.
Y obedece. Las lagrimas corren ahora libremente, mientras baja las bragas por sus piernas, y saca un pie después del otro...“muy bien … ahora tócate para mi...”, sigue escribiendo Nigromante en la pantalla.

Ang se masturba para él delante del ordenador. De pie, con las rodillas un poco dobladas, las piernas separadas, temblando, sabiendo -de algún modo- que está siendo grabada. Hace todo lo que él le ordena. Acata cada una de las órdenes que le da.

Después -mucho rato después- cae dormida en el suelo, hecha un ovillo.

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