jueves, 5 de agosto de 2010

El color rojo - capitulo 15 - Vuelta a casa


De regreso a casa, el cielo está lleno de nubes de lluvia, como si hubieran volcado en él un cubo de agua sucia. Ang, muy alterada, camina deprisa, sin detenerse a enjugar las lágrimas de frustración que se le escapan, rabiosa aun por la prepotencia del doctor. Su padre era alguien muy parecido, distante, frío, incapaz de transmitir alguna emoción. En un intento de objetividad, se dice a sí misma que un psiquiatra no puede dejarse llevar por las emociones delante de un paciente, pero su parte racional se ahoga ante la sensación de dolor por la incredulidad del médico, por su insinuación de que sufre alucinaciones. Eso le da mucho miedo, sobre todo porque, en un principio, era incapaz de distinguir totalmente lo que era real y no, de eso hace mucho tiempo (en otra vida... repite en un eco su mente inconsciente, esa que le da la réplica...).

Coge un atajo entre dos calles -un callejón que le ahorra casi diez minutos de camino- ensimismada en sus pensamientos sombríos, por eso, el agresor la toma totalmente por sorpresa cuando surge de entre las sombras. No tiene tiempo de reaccionar, cuando una mano masculina le cubre la boca y la arrastra contra la pared. El silencio es absoluto mientras él rompe los botones de su blusa y agarra brutalmente uno de sus pechos. Su mano se cuela por debajo de sus vaqueros, ella grita en su mente (vuelo de mariposas negras revoloteando otra vez ...) lucha silenciosamente con todas sus fuerzas, pero el hombre es fuerte, corpulento, la sigue empujando contra la pared de ladrillos, sin que pueda verle el rostro, sintiendo tan sólo su aliento en su nuca. Su mano la explora, la recorre, un dedo se introduce en su sexo, haciéndole daño.

Y de pronto, cuando está al limite de sus fuerzas y su asco la supera, todo termina. Se encuentra en el suelo, al lado del contenedor, con la ropa medio desgarrada, libre.En estado de shock, se dirige al piso de Julián.

Como va siendo habitual, se halla arrebujada entre los brazos de un Julián conmocionado, pero ahora sus barreras no existen. Ya no llora, sencillamente, está más allá de eso. Se ha sincerado con él, le ha contado todo, desde la violación múltiple que ocurrió cuando corría, como cada noche, por el parque, y como cambió a raíz de ese hecho. Le explica entre balbuceos pero serena,, como su mundo se fraccionó en mil pedazos y nunca volvió a ser la misma. Le habla de su aislamiento social y familiar, de sus difíciles relaciones familiares -un poco de su padre-. De como aprendió a relacionarse a través de Internet, exclusivamente. De su negación -en un principio- a asumir lo que le había ocurrido, sus problemas con los psiquiatras. Intentó que comprendiera que cortó con todo lo que había sido su vida anterior (dejando su trabajo, sus amigos, sus relaciones sociales) para construirse una vida dentro de un escudo de protección, dónde nada pudiera tocarla.

- Lo entiendo -decía Julián, mientras acariciaba su pelo- una experiencia así es casi imposible de superar. No sin ayuda. Y no parece que tu hayas tenido mucho de eso, niña. Esto explica muchas cosas, sabes... cuando te encontré en el Retiro, vi claro que tenías problemas, pero no podía ponerte una pistola en el pecho para que me los contaras... sin embargo, no puedo perdonarte que no me hayas hablado antes de ese hombre, Nigromante... no entiendo por qué no me has pedido ayuda! Ese cabrón ha jugado contigo como si fueras su juguete!.

Su rostro muestra a las claras que está indignado, y, por debajo de ese enfado, Ang lee su preocupación por ella.

- Además, ese tipo es peligroso. Ya ha matado dos veces!, esto escapa a nuestra capacidad, no te parece?. Tenemos que acudir a la policía.

Ang se muerde la lengua porque ha estado a punto de hablarle de sus problemas psiquiátricos y su dificil equilibrio emocional. Decide callarse esa parte.

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