sábado, 14 de agosto de 2010

El color rojo - capitulo 22 - La trampa - segunda parte


Angharad se había quedado dormida en la sofá, cansada de esperar la llegada de Nigromante, cuando un ruido inusual la despertó. Se incorporó de un salto, asustada. Estaba aturdida por el sueño y no sabía muy bien cuánto tiempo había transcurrido desde que el cansancio y el miedo la venció en el sofá.

Miró a su alrededor para descubrir el origen del ruido. Muy bajito, entre dientes, susurró para Julián: “¿estás ahí?” pero no obtuvo respuesta. Avanzó un poco por la habitación y enseguida descubrió que el estrépito lo había provocado la ventana de detrás del sofá al romperse. El suelo estaba sembrado de cristales rotos y el objeto culpable había sido una piedra de gran tamaño que yacía en el suelo con un papel atado a un cordel.

En la precipitación para recogerla, se olvidó de que iba descalza. Lanzó un juramento y gritó, cabreada, al clavarse uno de los trozos de vidrio en el pie “Julián!” -esta vez, casi gritó- la sangre la alteraba, siempre le había pasado, desde niña. Seguía sin responder y pensó que se había dormido (aunque le pareciera imposible, joder!).

Rápidamente, se quitó el pequeño y agudo trozo de vidrio que tenía clavado en la planta del pie, se calzó -con un gesto de dolor- y se sentó de nuevo para leer el papel atado a la piedra. No se preguntaba quién podía habérselo enviado, sabía la respuesta.

Con el corazón acelerado, desató la goma elástica que retenía el papel doblado y la leyó de un corrido. Decía asi: “Te quiero dentro de 15 m en el callejón, desnuda, medias negras, un abrigo o chaqueta, zapatos de tacón.. haz una bola con la nota y te la metes en la boca, sin mostrarla a las cámaras. Empiezo a contar...”

El silencio, al otro lado de los micrófonos, le parecía ahora una amenaza, apenas velada.

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