sábado, 7 de agosto de 2010

EN EL BAR - CAPITULO 5




VERBENA DE SAN JUAN
La gente llena el bar por todos sus rincones. Me gusta y me disgusta por partes iguales. Estoy excitada, como me ocurre con todos los días especiales, los que se salen de la desesperante rutina y rompen con el aire cansino de las horas, de los minutos para cada cosa.

Aunque si lo pienso en serio, nunca puede estar una segura de lo que va a ocurrir a continuación. La sorpresa acecha desde la tranquilidad de los días y un acontecimiento puede dar un giro al rumbo de un día programado hasta el último segundo.

A pesar de ello amo la aventura, los días que no son como los demás, como el de Navidad, Reyes, los cumpleaños, las verbenas... y la mejor de todas ellas es ésta: la nit de Sant Joan, muy por encima de la de San Pedro o San Jaime.

Como una rosa roja, florece un halo de peligro en las hogueras que nacen en cada cruce de calles. El fuego, con la fuerza de los elementos, me hace bullir la sangre en las venas, desear con fuerza mil cosas a las que aun no puedo poner nombre, porque lo desconozco, aunque no así lo que siento.

Miro a Chema, que se ha puesto una camisa nueva para ver si así mi hermana le hace caso. Yo sé que a ella no le gusta. Que cree que es poca cosa, un perdedor. A mi me parece atractivo (no sólo porque me regaló a Kira, después de que cuidara al otro cachorro, el que me quitó), me gusta mucho porque es joven, sincero. Porque tiene una personalidad alegre y desbordante. Se hace el chulo a veces, sí, se pavonea de su fuerza, o cosas así, pero tiene unos preciosos ojos castaños y es muy simpático.

Casi cada día me acerco a la mesa del bar en la que come, para charlar con él. Si está en la del rincón, me escondo en los peldaños que llevan al altillo, para que no sea tan evidente que le busco. Me sonríe y habla conmigo, siempre es muy amable y cariñoso, pero realmente no me mira; sólo ve a la hermana pequeña de Cristina, la chica de 17 años que le gusta. A una cría rara, sin ningún atractivo.

Si me viera por dentro tal vez cambiaría de opinión -me digo- pero hace tiempo que he descubierto que eso no es posible. Mi mente insiste: si supiera lo mucho que le quiero, lo mucho que me gusta … soñar es gratis, sí.

Ramiro anda atareado con los preparativos de la verbena en el jardín, bueno, un poco como todos los mayores, pero siempre tiene un momento para gastarme una broma, para sonreírme. Pasa por mi lado y hace como que boxea conmigo, salta a la izquierda y a la derecha, mientras finge que me lanza los puños a la cara para que esquive. Y yo lo hago, claro, no quiero desilusionarle y hacerle ver que he crecido.

Me intriga profundamente que a los 13 años y medio, todos sigan viéndome como una niña. !No lo soy, hace mucho que dejé de serlo! Pero empiezo a acostumbrarme a que mi familia me desconozca por completo. La mayoría de las veces es como si un muro me rodeara y se interpusiera entre nosotros.

Chema ha traído una traca, al estilo de las de Valencia. La idea es colgarla entre dos árboles, frente a la terraza del bar. Yo sé que quiere impresionar a Cristina con ella. Me recuerda bastante el cortejo del pavo real. Si supiera lo que piensa realmente de él, no se esforzaría tanto. Cristina está abducida por mi madre y no posee ni un solo pensamiento propio, pero eso no es novedad, ha ocurrido desde que nació, desde que aprendió a pensar. Y lo mismo ocurre con mi hermano Quimet, aunque quizá en su caso pueda entenderse mejor: es el pequeño y ha estado muy enfermo desde muy niño.

En ocasiones creo que soy una extraterrestre introducida en esta familia como experimento (¿fallido?).

He estado en el jardín observando como colocaban los farolillos, las cocas de sant joan en un rincón, debidamente protegidas de los gatos que pululan -y posiblemente de los niños- las botellas de cava. Algunas parejas ya han pagado su ticket y están allí, sentados o bailando al ritmo de la música. En el rincón, Marius, uno de los camareros, se encarga de ir seleccionando las canciones. Me pregunto qué pasaría si a alguien con sensatez se le ocurriera dejarme a mí hacerlo... seguramente sería memorable. Ante este último pensamiento, sonrío, divertida. Estoy enamorada del rock y tengo alma de rebelde ¿qué culpa tengo si soy una avanzada para mi época?.

Salgo porque no quiero perderme el momento en que Chema encienda la traca. Ya hay alrededor un montón de curiosos mirando.

Ramiro le aconseja que la amarre bien y, más aun, le dice que él no es amante de los petardos porque ha visto muchas barbaridades y gente que ha perdido dedos a lo tonto. Ni que decir tiene que Chema no le hace caso. Ramiro es especial, un hombre como hay pocos, pero tiene algunos talones de Aquiles y el de los petardos es uno. No los soporta. Va justo si nos compran cebolletas y bengalas. Todo lo demás es considerado dangereux (que es una palabra nueva y excitante que he aprendido recientemente y me muero por utilizar).
Así que, mi pobre Chema ha colocado su traca al buen tún-tún, como buenamente ha podido. Y al encenderla, con mi hermana en primera fila de la puerta del bar, en medio de los curiosos, ha ocurrido lo que tenía que ocurrir:

Se ha soltado de uno de los extremos y baila como loca en el aire, amenazando a todo el que pasa por allí y con grave riesgo de quemar alguna cosa. Los petardos explotan, uno a uno, en la cuerda serpenteante ante los gritos de miedo de la gente.

Chema corre para intentar aferrarla de nuevo al poste, y se sitúa justo debajo de la lluvia de chispas, con tan mala suerte que le explota uno de los petardos en plena camisa nueva, chamuscándola y abriéndole un agujero de dimensiones considerables en el pecho.

Lo peor para él son las burlas, y la mirada de desprecio de mi hermana, que se va murmurando: “vaya crío”.

Sus lágrimas me duelen a mi, pero ni se entera.

2 comentarios:

  1. Realmente Chema, era un "looser". Sin duda ahí estaba su encanto.
    Excitante adolescencia.

    Besos.

    ResponderEliminar
  2. Misterioso Sombra, siempre he creído en el encanto de los perdedores. Supongo que así me va.

    Una cosa es innegable, la adolescencia es excitante. Mucho mas en algunos casos que en otros, ¿verdad?.

    Si fueras alguien más tangible, te invitaría a descubrir tu rostro y a pasear conmigo, que salgo ahora a recibir los últimos rayos de sol de este sábado.

    Besos adolescentes.

    ResponderEliminar