domingo, 5 de septiembre de 2010

sin título (no se me ocurre)





A veces siento un dolor indefinido por las cosas que nunca fueron. Sabes que pudieron ocurrir (si ese dia hubieras ido a ese lugar en vez de a ese otro, si hubieras cruzado la calle en vez de haberte quedado parada en el momento en que el semáforo estaba a punto de cambiar, si hubieras hecho caso a la sugerencia de tu amiga y en vez de ir a una determinada discoteca hubieras entrado en otra).

No se si el destino está o no está marcado, pero se que cuando empiezas una andadura el camino es solo uno y luego se bifurca en otros muchos y que cada decisión que tomas cierra un camino y abre otros.

Y luego quizá los caminos se crucen de nuevo y allí, en el camino que hace tanto tiempo dejaste, encuentras a una persona que quizá hubieras podido encontrar en un principio, que deberías haber encontrado, si hubieras escogido el camino oportuno. Y eso te duele y no solo por ti.

Opciones. Elecciones. Decisiones. ¿Por qué aceptar una debe implicar dejar de lado muchas otras?. Deberíamos tener la capacidad de rebobinar, de poder probar antes de decidir si tomamos una decisión o no , si emprendemos un camino o nos sentamos a la sombra de un árbol, si nos tumbamos en la hierba viendo las nubes pasar.

Me dan pena las cosas que no nos atrevemos a hacer. Ese miedo a afrontar una decisión, a romper con algo que ha perdido su esencia original, que ya no nos motiva pero que sigue ahi, por pura inercia. Miedo a vivir. Tenemos un miedo atroz a equivocarnos, a perder lo que tenemos o a cambiarlo por algo que no sabemos si será mejor a la larga.

Siendo como soy, a veces me dejo llevar y me tiro sin red. Está en mis genes. Y cierto es que a veces he llorado amargamente, pero aún así no me arrepiento, porque son mas las ocasiones en que lo que he vivido ha compensado con creces mi, llamemósle "valentía", aunque prefiero la palabra atrevimiento.

Hay personas que nunca hacen eso, que nunca se atreven, aunque querrían. Y yo siento pena y un dolor de localización indefinida, por todas esas cosas no vividas, que están ahi, flotando en el aire de las posibilidades y me gritan desde su no existencia.

Por todos los paseos al atardecer, por las caricias lentas y la pasión salvaje. Por el reflejo de las llamas sobre nuestros cuerpos. Por el fuego de la chimenea que sigue aún al otro lado del espejo de mi realidad. . Por las conversaciones y los debates que ponen en marcha mil resortes y despiertan nuestros sueños, nuestras ganas de vivir. Por las películas que nunca compartimos, respirando el mismo aire, nueces y palomitas en un bol.

Por todo esa increible belleza, intensidad, magia, calidez, compenetración.

Por esos sentimientos encarcelados, prisioneros que quizá nunca vean la luz.

O quizá si, porque nunca se sabe y el futuro no está escrito.

Y el león del Mago de Oz adquirió al final un corazón valiente.

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