martes, 21 de septiembre de 2010

sol de setiembre



Sol de setiembre
que derrama sobre mi piel su miel.
Y la muerte no me toca.
El aire huele a flores marchitas.
Un tañido de campanas sigue mis pasos,
me llevo su candencia.

Intento adaptarme al cambio de la luz,
(con mi vestido azul, fríos los pies)
en este tardío día de verano,
en el que las rosas mueren.

En la penumbra de la iglesia,
el salado sabor de la pena,
como un viento húmedo en mi cara.
Las palabras vacías de tanto usarlas,
se refugian en las bóvedas,
y no conmueven ni a los ángeles de piedra,
porque el dolor es un acto privado.

Siento que fluyen dolores antiguos,
heridas que jamás han curado,
rostros que emergen del ayer,
con la frescura de los cuadros recién pintados.
Me retoco el carmín y vuelo hacia ellos
pero no puedo alcanzarles.

¡Quiero sentir su amor otra vez!
¡Necesito abrazarles!

Dejemos que el dolor arremeta,
contra el muro de las palabras,
y que la fuerza de lo auténtico,
derribe el alambique de las formalidades,
siempre que, con un abrazo, podamos transmitir al otro,
nuestro calor.

!Quiero tenerte hoy entre mis brazos!

!sentir tu cuerpo dentro del mío!

Necesito tanto tu sonrisa, amor,
cómo ese grito que me arrancas cuando me invades.

¡Siempre! ¡Quiero tenerte siempre!

Que me inundes con tus aguas.
Que me cubras con tus besos.
Que me hagas rabiar con tus silencios.
Que me tomes y reivindiques el triunfo de la vida,

Una vez más. Una vez más.

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