lunes, 6 de septiembre de 2010

HECHIZO




A veces suena en mi mente una nota de música
que pulsas sin querer,
en respuesta a mi extraña luz.
Y, como una telaraña, la música se expande,
derriba mis defensas.
Mis mariposas negras esparcen flores rojas,
en el suelo del laberinto.
Componen la llave que desencripta el sendero oculto.


La fascinación actua en ambas direcciones,
alimentada por el misterio que destilan, una a una, mis
palabras.
Y una luz se enciende en el gris de los días,
cuando tu espíritu inquieto percibe algo que no esperaba hallar.
Por un tiempo, las rosas crecen en los espejos oscuros
(fragmentos de nosotros que se reconocen),
con un aleteo de sombras espejeantes,
de mujeres imposibles, que, como punta de iceberg
intuyes, pero no llegas a capturar.

Seres que se desplegan ante tus ojos
como una muñeca rusa:
una dentro de otra, y otra, y otra...
Concentradas, volátiles, sin domicilio fijo.
Sin más rostro que el cambiante de las aguas de un lago.
Aquello que intuyes y que siempre has buscado,
capaz de encadenarte y dejarte totalmente libre,
para pulsar la nota encantada, que conduce al jardín secreto.

Mujeres dentro de una sola mujer,
que sabe que sólo podemos desear
sin cansarnos,
aquello que no podemos aprisionar.
Féminas de las que nunca conocerás todo,
y que, incansables, hacen soñar de nuevo.
Resetear, porque,
cuando crees haber descubierto todos sus secretos,
percibes un abismo por descubrir.


El hombre que eres, creador de notas,
me fascina porque no te conozco.
Porque te retiras como la marea
antes de que mis manos se mojen
en el agua de tus fluidos.

Sé que puedo vivir en tus sueños!
Renuncio a la clara luz de la verdad.

Alice lo sabe. Ella conoce el juego de los espejos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario