martes, 8 de noviembre de 2011

COLOR ROJO - LA TRAICION

LA TRAICION

- Bienvenida! Crisania -Nigromante hablaba con su tono de voz habitual: suave y controlado, pero con una vena acerada. – Pero acércate, mujer, todo está preparado para ti. Es una sorpresa. –Le sonreía-
- Si, ven, Ang –Ahora era Julián quien hablaba, su Jules, a quien ella miraba ahora.
No parecía en absoluto preocupado ni enfadado, ni dabas muestras de sentir temor alguno. Se incorporó de un salto en la cama y se encaminó hacia ella, que seguía en estado de shock. La tomó del brazo y la llevó junto a Nigromante. Cogió sus dos manos y las puso en su espalda mientras la hacía ponerse de rodillas ante él.
Ang se encontró entre los dos hombres, uno delante suyo y otro a sus espaldas. De pronto lo comprendió todo.
- Estabais de acuerdo… no es así? En todo momento habeis sabido uno del otro. Habeis jugado conmigo: poli bueno, poli malo… -intentó controlar su voz, pero la furia iba subiendo dentro de ella, como una caldera a punto de explotar-
- J aja ja! , si! Por fin te das cuenta! -ese era Julián-
- Te ha costado bastante pequeña –Nigromante- pero aun no lo sabes todo, no.. tengo una pequeña debilidad, me gustan las pelirrojas, como tú, especialmente como tu. Y a mi amigo, Jules, también –le miró con un gesto cómplice y a pesar no verle el rostro, Angharad pudo “sentir” la complacencia de Julián, la admiración que sentía por ese monstruo, pero qué decía, los dos lo eran!, los dos iguales!.
La rabia ahogaba a Ang, pero tenía que controlarla, quería oir todo, escuchar todo lo que tuvieran que decirle.

- Vas a servirnos a los dos ahora, vamos a jugar un poco más contigo, pero esta vez … “en serio”, sin paliativos. Aquí, mi amigo, también desea un poco de SPV (sucedáneo de pasión violenta), con su dosis de violencia, dolor, placer, sumisión, humillación… parece que está un poco cansado del amor de adolescentes que le has brindado hasta ahora, pequeña Crisania. Tu y yo sabemos que puedes dar muchísimo más, verdad?. Te conozco. Sé lo que eres. Y tu lo sabes también. Harás todo lo que yo quiera una vez más, pero ahora tendrás otro a quien obedecer…
- Si, zorra! Eres nuestra, has sido un juguete para los dos y no sabes cuánto hemos gozado con nuestro juego –decía Julián retorciéndole cruelmente el brazo, obligándola a gemir- ha sido tan fácil…
Le arrancó la toalla de un brusco tirón dejándola completamente desnuda, con el pelo cubriéndole la cara como un manto. Nigromante se lo acariciaba delicadamente, le tocaba la cara y seguía con sus dedos la línea de sus labios, invadiendo su boca. Julián la tomó de las caderas y se situó detrás a punto de forzarla, mientras Nigromante le apartó el pelo de la cara y ella de pronto, vio una joya ante sus ojos. Un colgante que llevaba en la muñeca se balanceaba ante ella: una flor estelar. Quedó paralizada.

. La reconoces? –Nigromante le hablaba desde muy cerca con una sonrisa odiosa en sus labios, la de un sádico- Si. Es tuya, te la quité aquella noche en los jardines. He tenido a otras zorras como tu, muchas en realidad, pero eres diferente, eres LA ZORRA por excelencia, la perra que se plega a todas las exigencias cuando así es tratada, cuando alguien hábil sabe presionarla adecuadamente. Mmmmm me gustaste mucho, mucho, aquella noche, creo que a ti también te causé una gran impresión, aunque creo que no fui el único, tuve que compartirte con otros compañeros. Aun asi, me guardé este pequeño recuerdo y siempre lo he llevado conmigo.
Ang explotó en rojo. Con un salto felino golpeó a Julián con la rodilla acertándole en sus genitales, y mientras aullaba de dolor, se movió como un resorte alcanzó el abridor de cartas de la mesita –sin pensar sin dar tiempo a reaccionar- y lo clavó en el ojo de Nigromante. Rojo. Luego giró como una bailarina, en una excelente demostración de que no había olvidado sus clases de artes marciales y le rebanó el cuello a Julian. Limpiamente, de un solo tajo. La sangre la salpicó por entero, como una fuente.
Nigromante gritaba sujetando su ojo vacío, intentando contener el flujo de sangre. Se situó detrás de él y le degolló. Los cuerpos se movían espasmódicamente, pero ella les dejó allí. Rojo. Bajó las escaleras y se metió en la ducha.


FINAL

La cortina de la ducha se movía. No sabía el tiempo que llevaba allí, pero el color rojo había desaparecido. Las manos intentaban sacarla del suelo frío donde estaba encajonada. No reconocía las manos, pero la voz era suave, conocida: el doctor.
La llevaron fuera del agua, que seguía corriendo y la envolvieron en una toalla. Escuchaba otra voz, una voz lejana que aparecía entre brumas de algodón. Un rostro que tal vez conoció alguna vez, pero no podía llegar hasta ella.
Las manos la ayudaron a vestirse (unos pantalones, una camiseta, zapatillas) y la llevaron lejos de allí. Entre brumas. Sin pensar.
Luego la placidez de una cama y unas paredes blancas la envolvió.

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