martes, 8 de noviembre de 2011

EL COLOR ROJO - COMPLETO PRINCIPIO FINAL

LA HUIDA

El dia se levantó desapacible cuando facturaron las maletas en Barajas, pero eso no les importó. Al contrario, era un motivo más para partir, seguro que en el Levante lucía el sol. Ang tenía un contrato de trabajo con un centro escolar subvencionado, lo que era muy estimulante, todo un cambio!. Y Jules se había despedido de su empresa la semana pasada y estaba en tratos con una dedicada a la programación, que tenía sede en Valencia. Ang era feliz. Ambos eran felices.
Sin embargo, en su interior, seguía una línea fina de terror escondida, que se negaba a morir del todo.
Ang se quedó dormida nada mas despegar. Solo volvió a abrir los ojos cuando la azafata la sacudió con suavidad. La cabeza de Jules reposaba en su hombro, dormido como un bendito, también. Ella le sacudió sin contemplaciones para oírle gruñir enfadado.
Habían decidido pasar el día en Valencia. Una ciudad preciosa que ninguno de los dos conocía.

- Diste alguna dirección en el curro?
- Noooo, jajaja! Es la tercera vez que me lo preguntas, Ang! He sido hermético, como un viejo zorro. La gente aun se está preguntando qué me ha dado. La miró con cariño. .Y tú?, dejaste la nueva dirección al dueño del piso?
- Listillo… -le miró con sus ojos gris verdes- tú que crees?
- Que noo, jaja! –la alzó en volandas y la hizo girar-
- Waoo! Estás loco!, para. Tengo hambre –sonrió-
- Dios mio! Estoy con una futura peso pesado! –bromeó- Siempre tienes hambre!, siempre!
- Dame de comer , Seymour! –ella hablaba ahora imitando la voz siniestra de la planta del espacio caníbal en “La pequeña tienda de los horrores”- haciendo que Julián se echara a reir como un loco.
- Friki!, eres la chica más friki que he conocido!, jajaja!.

Dejando las maletas en consigna, se dedicaron a recorrer las calles perfumadas con el olor a naranjo, perdiéndose por las callejuelas del barrio del Carmen. Encontraron un pequeño restaurante con un patio lleno de mesitas con plantas de menta y alhabaca. Allí se aposentaron. Y ese fue un buen día para los dos.

GANDIA

El sol resplandecía en el mar frente a la casita cuando el taxi les dejó delante. Ang se adelantó hasta el porche: todo era tal y como había imaginado. Las sombras empezaban a quedar atrás. Giró la cabeza, sacudiendo su melena, para mirar a Julián y al taxista que acercaban las maletas y corrió a ayudarles. Abrió la puerta, pintada de violeta claro, con la llave que les dejó el de la Agencia, y cogió dos de los bultos y los transportó hasta la entrada, aunque lo único que le apetecía era ponerse unos shorts y una camiseta corta y saltar a la playa. Lo primero era lo primero, je, -pensó- y la obligación antes que la devoción.
El taxi se fue, abriendo su ojo verde a la noche, y por fin quedaron sólos los dos, en su propia casa, en una soledad de lujo. Jules cerró la puerta y ella le abrazó con ganas. Amaba el olor de su cuerpo, la firmeza de sus hombros, ese aire distante de sus ojos algunas veces… en realidad él era también un misterio y eso formaba parte de su encanto.
Decidieron ir a la playa, después de todo, ya tendrían tiempo de abrir el equipaje (aun tenían que llegar algunos bultos que transportaba el servicio de mudanzas) y de poner las cosas en un relativo orden. Se puso los shorts y una camiseta blanca, él un bañador largo y unas deportivas y cruzaron el paseo hasta las rocas que bajaban a la arena. Echaron a correr en cuanto pisaron el suelo tibio, como dos niños en un día de asueto, borrachos de aquel olor a salitre. Querían llenarse los pulmones con él, saltar sobre las olas.
- Siete!, tienes que saltar siete olas! Porque es la séptima la que te da la suerte, si no lo haces acarrearás el mal de ojo! –le gritó mientras descalza saltaba sobre la primera ola que rompió a su lado, mojándole los pies-
- Tienen que ser siete, si, si, el número mágico, el número de los druidas!, jajaja, loca! Estás como una puta cabra, lo sabes?
- Ni una cosa ni otra. Soy Ang!!!!!!! Soy una sirena!, soy una Dama del Agua! –saltaba sobre las olas, contándolas ordenadamente-

Al saltar la séptima, paró en seco. Echó a correr hacía él, que no lo esperaba y le derribó. Rodaron por la arena bajo la luz dorada del atardecer, con un cielo que era una llama de oro.

Lentamente, toda la luz se fue apagando y la oscuridad lo cubrió todo.


LA CASA DE GANDIA

Entraron y fueron directamente a la ducha de la primera planta para sacarse toda la arena y prepararse para dormir. Estaban agotados, después de hacer el amor en la playa, amparados por la sombra de las barcas, así que se lavaron tiernamente el uno al otro. El le enjabonó el suave cabello rojo y ella le frotó la espalda, ahita de besos y amor, flotando en una nube. Julián acabó antes y subió al dormitorio, mientras ella se secaba el largo pelo con una toalla. Necesitó un tiempo para ello, no le gustaba acostarse con el pelo mojado.
Cuando por fin subió las escaleras, le extrañó un poco el silencio en el que estaba sumida la casa. No surgía música de la habitación (y la música y Julian eran elementos inseparables). Seguramente se habría dormido, pensó. La luz de muchas velas se difundía suavemente, en una explosión roja –sonrió ante este detalle- eso hacía que las sombras se movieran y ofrecieran un aspecto misterioso, al ser un lugar que todavía no había hecho suyo. Indecisa, volvió a bajar el tramo de escaleras que había subido y se metió en la cocina. Bebió un vaso de agua. Volvió a acometer el ascenso, y entró en la gran habitación que miraba al mar.
Julián no estaba dormido sino que estaba sentado en posición de yoga, con las piernas recogidas, a lo indio, en medio de la gran cama. Las velas rojas estaban encendidas por todas partes. La miraba intensamente, con una sonrisa que ella no podía descifrar. Desprendió la mirada de Ang, para girarse a mirar el sillón que estaba de cara a la ventana y el balcón.
El sillón giró lentamente .
El shock fue brutal: Nigromante le sonreía desde allí, cómodamente arrellanado.


LA TRAICION

- Bienvenida! Crisania -Nigromante hablaba con su tono de voz habitual: suave y controlado, pero con una vena acerada. – Pero acércate, mujer, todo está preparado para ti. Es una sorpresa. –Le sonreía-
- Si, ven, Ang –Ahora era Julián quien hablaba, su Jules, a quien ella miraba ahora.
No parecía en absoluto preocupado ni enfadado, ni dabas muestras de sentir temor alguno. Se incorporó de un salto en la cama y se encaminó hacia ella, que seguía en estado de shock. La tomó del brazo y la llevó junto a Nigromante. Cogió sus dos manos y las puso en su espalda mientras la hacía ponerse de rodillas ante él.
Ang se encontró entre los dos hombres, uno delante suyo y otro a sus espaldas. De pronto lo comprendió todo.
- Estabais de acuerdo… no es así? En todo momento habeis sabido uno del otro. Habeis jugado conmigo: poli bueno, poli malo… -intentó controlar su voz, pero la furia iba subiendo dentro de ella, como una caldera a punto de explotar-
- J aja ja! , si! Por fin te das cuenta! -ese era Julián-
- Te ha costado bastante pequeña –Nigromante- pero aun no lo sabes todo, no.. tengo una pequeña debilidad, me gustan las pelirrojas, como tú, especialmente como tu. Y a mi amigo, Jules, también –le miró con un gesto cómplice y a pesar no verle el rostro, Angharad pudo “sentir” la complacencia de Julián, la admiración que sentía por ese monstruo, pero qué decía, los dos lo eran!, los dos iguales!.
La rabia ahogaba a Ang, pero tenía que controlarla, quería oir todo, escuchar todo lo que tuvieran que decirle.

- Vas a servirnos a los dos ahora, vamos a jugar un poco más contigo, pero esta vez … “en serio”, sin paliativos. Aquí, mi amigo, también desea un poco de SPV (sucedáneo de pasión violenta), con su dosis de violencia, dolor, placer, sumisión, humillación… parece que está un poco cansado del amor de adolescentes que le has brindado hasta ahora, pequeña Crisania. Tu y yo sabemos que puedes dar muchísimo más, verdad?. Te conozco. Sé lo que eres. Y tu lo sabes también. Harás todo lo que yo quiera una vez más, pero ahora tendrás otro a quien obedecer…
- Si, zorra! Eres nuestra, has sido un juguete para los dos y no sabes cuánto hemos gozado con nuestro juego –decía Julián retorciéndole cruelmente el brazo, obligándola a gemir- ha sido tan fácil…
Le arrancó la toalla de un brusco tirón dejándola completamente desnuda, con el pelo cubriéndole la cara como un manto. Nigromante se lo acariciaba delicadamente, le tocaba la cara y seguía con sus dedos la línea de sus labios, invadiendo su boca. Julián la tomó de las caderas y se situó detrás a punto de forzarla, mientras Nigromante le apartó el pelo de la cara y ella de pronto, vio una joya ante sus ojos. Un colgante que llevaba en la muñeca se balanceaba ante ella: una flor estelar. Quedó paralizada.

. La reconoces? –Nigromante le hablaba desde muy cerca con una sonrisa odiosa en sus labios, la de un sádico- Si. Es tuya, te la quité aquella noche en los jardines. He tenido a otras zorras como tu, muchas en realidad, pero eres diferente, eres LA ZORRA por excelencia, la perra que se plega a todas las exigencias cuando así es tratada, cuando alguien hábil sabe presionarla adecuadamente. Mmmmm me gustaste mucho, mucho, aquella noche, creo que a ti también te causé una gran impresión, aunque creo que no fui el único, tuve que compartirte con otros compañeros. Aun asi, me guardé este pequeño recuerdo y siempre lo he llevado conmigo.
Ang explotó en rojo. Con un salto felino golpeó a Julián con la rodilla acertándole en sus genitales, y mientras aullaba de dolor, se movió como un resorte alcanzó el abridor de cartas de la mesita –sin pensar sin dar tiempo a reaccionar- y lo clavó en el ojo de Nigromante. Rojo. Luego giró como una bailarina, en una excelente demostración de que no había olvidado sus clases de artes marciales y le rebanó el cuello a Julian. Limpiamente, de un solo tajo. La sangre la salpicó por entero, como una fuente.
Nigromante gritaba sujetando su ojo vacío, intentando contener el flujo de sangre. Se situó detrás de él y le degolló. Los cuerpos se movían espasmódicamente, pero ella les dejó allí. Rojo. Bajó las escaleras y se metió en la ducha.


FINAL

La cortina de la ducha se movía. No sabía el tiempo que llevaba allí, pero el color rojo había desaparecido. Las manos intentaban sacarla del suelo frío donde estaba encajonada. No reconocía las manos, pero la voz era suave, conocida: el doctor.
La llevaron fuera del agua, que seguía corriendo y la envolvieron en una toalla. Escuchaba otra voz, una voz lejana que aparecía entre brumas de algodón. Un rostro que tal vez conoció alguna vez, pero no podía llegar hasta ella.
Las manos la ayudaron a vestirse (unos pantalones, una camiseta, zapatillas) y la llevaron lejos de allí. Entre brumas. Sin pensar.
Luego la placidez de una cama y unas paredes blancas la envolvió.

EPILOGO

En la consulta privada del Doctor Garcia-Plaja

- Se lo dije. –repetía por tercera vez el Doctor García-Plaja- a su interlocutor. . Sabía ue lo volvería a hacer. Noté los síntomas. Esos dos se estaban cebando con ella, aunque no me lo contó todo, pude percibirlo entre líneas. Abusaron de ella. Se encontraba bajo mucha presión, y ella reacciona a la presión con un brote psicótico. Desde que le ocurrió aquello, su desequilibrio hace que ante una situación parecida, de auténtico peligro haga una huida y se convierta en una fiera que sólo se defiende. Por supuesto, en esos momentos no es consciente de nada y lo olvida completamente al despertar.
- Sabe qué ocurrió la otra vez!. Usted estaba avisado y tenía todos mis informes sobre psiquiátricos sobre ella! Todas nuestras sesiones grabadas después del primer “accidente”, al año de la violación múltiple.
-
El Sr. Marquínez-Beita, estaba incómodamente sentado en la punta de una butaca hecha para acomodar pacientes. Y su rostro demudado expresaba que había tenido un susto de muerte, y que aun no se había recuperado.
No quiero hablar de ello. Aquello fue para mi una circunstancia excepcional. Algo que ocurrió porque Angharad no estaba aun curada del todo. Usted me lo dijo!
Era evidente el aire de reproche con que interpelaba al médico.

- Los transtornos mentales son algo difícil de controlar, y en el caso de su hija, hay algo muy profundo terriblemente dañado. Lo que no quiere decir que no pueda llevar una vida, en cierto modo normal. Sobre todo si no es agredida, si se mantiene a salvo. En todo caso, mis servicios son necesarios para poder llevar un control de esta situación. Puede Vd. Hacerse cargo?

- Yo me encargo de todo. Será suficiente este dinero para cubrir todos los inconvenientes y problemas que ha tenido por mi falta de atención a sus sugerencias?. –Al hablar extendía rápidamente un cheque por una cifra desorbitada y lo ponía al alcance del médico.
Este lo observó con mirada crítica. Sonrió y dijo que si, que se consideraba pagado con creces.
. Bien, entonces todo arreglado. Ella estará bien? –su mirada huidiza resbaló sobre las gafas de su interlocutor-
- Estará bien si puedo controlarla. Es necesario que acuda cuando yo se lo solicite. Tiene que hacer terapia conmigo de forma habitual y usted tiene que poner los medios para ello. Y escucharme cuando le alerte de un posible peligro.
- Si. No volverá a pasar. Descuide. He aprendido la lección.
- Entonces, no tenemos nada mas que hablar.
Los dos hombres se despidieron sin estrecharse las manos. Entre ellos todo estaba muy claro, era una cuestión crematística.


ANG EN SU DIA A DIA

La joven pelirroja giraba en una silla ante su ordenador. Toda su atención estaba centrada en la brillante pantalla y en la ventanita del chat que tenía ante sus ojos. Llevaba unos shorts cortitos y una blusa blanca anudada a la cintura. Hacía mucho calor, pero un ventilador daba vueltas sin cesar, renovando el aire. Sonreía.

- De modo que te llamas Crisania, decía ahora él…
- Si, soy Crisania y puedo verte ahora mismo –Sonrió-


Girona - Julio/2011

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